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Las personas con trastorno de pánico experimentan sentimientos de terror que se producen de repente y sin aviso. No pueden predecir cuando ocurrirá y muchas desarrollan una ansiedad intensa entre los episodios, al temer cuándo y dónde se producirá el siguiente.

Si usted experimenta un ataque de pánico, muy probablemente su corazón latirá con fuerza y se puede sentir débil, mareado o con la visión borrosa. Las manos pueden experimentar hormigueo o sentirlas entumecidas, así como experimentar excesivo calor o frío. También puede sentir nauseas, dolor en el pecho o sensación de ahogo, sentido de irrealidad o miedo de muerte inminente o pérdida de control. Es posible que crea que está teniendo un ataque cardíaco, se está volviendo loco o se halla al borde de la muerte.

Los ataques de pánico pueden ocurrir en cualquier momento, incluso durante el sueño. Suele llegar a su cumbre en 10 minutos, aunque algunos síntomas pueden durar mucho más.

Los trastornos de pánico afectan dos veces más a las mujeres que a los hombres. Suele aparecer después de la adolescencia o temprana madurez. El riesgo de padecer ataques de pánico parece provenir de factores hereditarios. No todo aquel que experimenta ataques de pánico desarrollará un trastorno de pánico, por ejemplo, muchas personas tienen un ataque de pánico pero nunca experimenta otro. Para aquellas personas que tienen un trastorno de pánico, sin embargo, es importante la búsqueda de tratamiento; de lo contrario, el trastorno puede llegar a ser altamente limitante.

Muchas personas con trastorno de pánico suelen efectuar repetidas visitas a las salas de urgencias de los hospitales o consultar con varios doctores antes de obtener un diagnóstico adecuado y pueden pasarse años sin saber que padecen una enfermedad real y con tratamiento.

Los trastornos de pánico pueden ir acompañados de otros trastornos como depresión, abuso de drogas o alcoholismo y puede conducir a patrones de evitación o lugares o situaciones donde ocurrieron los ataques de pánico. Por ejemplo, si el ataque de pánico se produjo en un ascensor,  es posible que se desarrolle un miedo a los ascensores. Si empieza a evitarlos ello podría afectar a su elección de un empleo, apartamento y provocar limitaciones en el resto de su vida.

La vida de algunas personas se ven limitadas en actividades tan normales como las compras cotidianas o conducir su vehículo. En algunos casos se encierran en sus casas o solamente se atreven a afrontar las situaciones temidas si van acompañados por sus parejas o alguna otra persona en quien confíen.

Básicamente, estas personas evitan cualquier situación en las que se puedan sentir sin ayuda si se produjera un ataque de pánico. Cuando la vida de las personas se ve limitada de esta forma, como suele suceder en un tercio de los afectados por un trastorno de pánico,  se denomina agorafobia. La prontitud en el tratamiento puede a menudo prevenir la agorafobia.

El trastorno de pánico es uno de los trastornos de ansiedad más fácilmente tratables, respondiendo en la mayoría de los casos a una terapia adecuada.


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